La inauguración este jueves en Londres del rascacielos más alto de Europa, una torre de vidrio de 310 metros de altura, ha dado lugar a una controversia entre sus defensores y quienes critican su elitismo o sus efectos visuales sobre el patrimonio arquitectónico.
El ‘Shard’, nuevo “icono” de la ciudad, según los promotores inmobiliarios que impulsaron su construcción, estará listo justo antes del inicio de los Juegos Olímpicos en la capital del Reino Unido, 12 años después de lanzarse el proyecto.
Para el presidente de la empresa promotora Sellar Property, Irvine Sellar, el edificio de 95 pisos que ofrece al público una vista panorámica de 360º se convertirá en una atracción turística de Londres, “como el Empire State” en Nueva York.
Un periodista del diario The Observer estimó que el Shard “es elegante, está en un mal lugar, es una de esas torres que el mundo envidia, y es una fortaleza para los más ricos”, entre otras cosas.
No obstante, pese a ser el más alto de Europa, el Shard es mucho más bajo que el mayor rascacielos del mundo, el Burj Jalifa de Dubái inaugurado en enero de 2010, que tiene 828 metros y 200 plantas.
Además, para vivir en él se necesitará disponer de importantes sumas de dinero.
Así, las alrededor de diez viviendas que se encuentran entre los pisos 53 y 65, las más altas de Gran Bretaña, habrán de venderse por lo menos a 30 millones de libras esterlinas y podrían llegar hasta 50 millones de libras (entre 43 y 62 millones de euros), según datos proporcionados por los medios de comunicación británicos.
Las críticas
Para The Guardian, el Shard es una “metáfora perfecta del Londres de hoy”, una ciudad cada vez más “peligrosamente dependiente de inversores que buscan obtener ganancias rápidamente”, en la que las desigualdades sociales son cada vez mayores. “Es caro, desconoce los límites y está principalmente en manos de capitales extranjeros”, estimó el diario.
Su construcción también dio lugar a críticas de defensores del patrimonio, como la asociación English Heritage, que considera que “se encuentra en un mal lugar” y menoscaba la vista sobre la catedral de San Pablo que las disposiciones vigentes obligan a proteger.
La Unesco también estimó que el nuevo edificio perturba “la integridad visual” de la Torre de Londres, la cual está inscrita en la lista del patrimonio mundial de esta organización de la ONU.



